Efusión

El cielo llovizna y es un día más que ha quedado viudo del sol, apagando un poco la alegría de ver al cielo con otro color y decorado de pelotas amorfas de aire no tan puro. La luz evade esas sensaciones de soledad que alguna vez han sugerido caminar por el limbo.

Quizás sea por las páginas rotas de un libro espantoso que alguna vez se formó en mi mente con recuerdos azarosos.

Quizás sea por la desesperación que provoca el silencio, por esas palabras que se quedan entre los dientes disparando historias que, probablemente, no sean ciertas y terminan explotando en enfados que me dan vergüenza.

Pero, con un poco más de contundencia puedo decir que, quizás sea por hoy ser tierra, aire y agua enamorados a los que le pasan miles de tormentas y cielos en calma. Al fin y al cabo es un maravilloso precio el que se paga por no tener el corazón plastificado.

Por qué

Como un zoom rápido que va derecho al pedestal resbaladizo donde están por caerse todas mis habilidades para estar un rato más feliz, mis pupilas enfocan las lágrimas que se deslizan por mis pómulos rozados después de vomitar, de haber sacado todo lo que sobra por la borrachera. Lágrimas que cuando chocan contra el piso se transforman en sangre, como si fuera un desperdicio de vida que va otra vez en busca de desesperación para calmar a un corazón sin emociones. Suena un tanto terrenal decir que todo lo que falta es armar lo que se ha roto a través de tantas horas repletas de llanto.

Las gotas de sangre van retumbando en el piso repartiéndose en mil pedazos, así como mi historia, y mis brazos se sienten cada vez más fríos: esas lágrimas salen de mis venas. Me voy cayendo, retorcida en una mezcla de sinrazones porque ya es tarde y no quiero hacer otra cosa más que esperar a que haya un destello salvador que me obligue a mirar para otro lado. Ya, tranquilidad. No te voy a volver a llamar, no te voy a volver a gritar. Toda la fuerza la veo deslizar por los zócalos del piso que al menos sostienen algo que no voy a perder jamás: preguntarme por qué.

Vive

Posted On abril 4, 2015

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Pasaste al lado mío todos mis sobrenombres. A pesar de todos los carteles, te seguí. A pesar de tanto amor, me alejé.

Lo que duele no es la distancia. Me irrita saber que la juventud se me está yendo con el recuerdo de la alegría que me daba cruzarte. Hoy, apenas, camino buscando amor. Sólo miro para todos los rincones con ganas de no encontrarte nunca más, y que con los pasos se me vaya la memoria.

Despierta

Posted On octubre 16, 2014

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No sé dónde estás, aunque creo que mi memoria es el mejor mundo que te tocó el último año. Miles de fantasmas revolotean detrás de mí, que a veces dejo las ventanas abiertas para recibir un poco de su compañía. Y cuando no, ahí te veo imaginariamente: hamacándote despacito y mirando para otro lado, como si tantos años hubiesen sido una alucinación que necesitabas para seguir viviendo. Así como la droga es el alivio de la adicción, el masoquismo es al corazón roto. Es el final que está todo el tiempo terminando, viviendo eternamente en la agonía. Es eso que alimenta al precipicio para no ser él quien se desmorone. No hay alarmas para el dolor, y la felicidad es un sueño constante. La tristeza es lo que acuna lo insoportable de no saber cuándo va a morir este jamás.

Te veo, y ese es mi problema. Que sin saber bien dónde, estás delante mío. Vos sos el único fantasma que no puedo dejar atrás.

Hasta junio fui feliz

Posted On mayo 5, 2014

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Te quiero pegar una estrellita en la frente, mover despacio los dedos de los pies y reírnos de tonteras mientras te miro y pienso que sos feo y ridículo. No me cansaba de quererte tanto sin un fin, no me cansaba tanto el haberme cansado tantas veces antes. La radio siempre nos cantaba cosas bonitas. 

En mayo despertamos, un día más, diez minutos de mierda. Un mayo que duró siete años, de otoños sólidos e inválidos habitados por dos chicos excitados perdidos en el amor. Perdidos en la miseria de no poder creer que, por fin, hay alguien en el mundo que te quiere.

Siempre hicimos lo que pudimos, siempre quisimos poder dejar de estar juntos, como ayer cuando nos miramos. E incluso hace un año, cuando ese mayo dejó de ser todo lo lindo que había sido, o, simplemente eso: cuando ese mayo dejó de ser.

Sos canalla

Posted On abril 6, 2014

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Iba sola. El partido terminó 1 a 0 y dejé a mis amigos porque, te juro, me quería ir SOLA. Quería llorar sola. No sé, debe ser por tímida que no me gusta hacerlo en público, o porque no quería demostrar la calentura que tenía encima.

Sola. Así. Como siempre. Y con una cerveza que compré cuadras después. Pero sola. Imaginando qué hubiera sido si la lepra ganaba. Escuchando un par de boSinas bocinas que eran como una risita hija de puta de aquella mierda que te hizo cornuda. Miraba la calle. Miraba la botella. Miraba los autos. Miraba la botella. Cualquier idiota que provocara con un grito alegre era digno de recibir una lluvia danzante de vidrios, por hijo de puta nada más. Hacé quilombo en tu cancha, pelotudo, no en mi cara.

En fin. Es el folclore del fútbol. Cuando alguien gana, también alguien pierde. Y hoy a nosotros nos tocó la segunda, y en casa. Me la tuve que aguantar y dejar de pensar estupideces que, tanto el triunfo como un botellazo a alguien, no iban a pasar. El pasado pasó, y la violencia es un mundo que no se me antoja vivir.

Rioja y Mitre. La sede. Sería de trastornada pasar por un lugar tan canalla. No por cagona, tener huevos es otra cosa. Con algunas no se jode. Y pasar por una de las casas del equipo contrario no es de corajudo, es simplemente innecesario. Había dos mujeres policías en esa esquina. Me miran fijo, con prejuicio. Las miro, y sus pupilas van derecho a mi botella de cerveza. Cruzo y doblo, para que no me digan nada. No iba a pasar por Mitre. Y es ahí cuando pasa un verdadero canalla. Pero VERDADERO. Y nada tiene que ver Rosario Central en ésto. Era un tremendo hijo de re mil putas. Un pelotudo que merecía no un botellazo, sino tres mil. Y no solo de mí, sino también de las cuatro mujeres obesas que iban en la vereda de enfrente mirando vidrieras.

Gritame pingüino. Gritame pecho. Gritame lo que quieras que bastardee al equipo que amo, al glorioso Newell’s Old Boys. Gritame que sos la ciudad y todas esos clichés futboleros que tiene tu hinchada. ¿Pero por qué me tenés que gritar “gorda”? ¿Qué te molesta de mis 25 kg. demás? ¿Qué te hace feliz de tanta hostilidad? Ojalá vos, pendejo pelotudo, hubieras visto las caras de esas dos hermanas obesas que estaban en la vereda de enfrente mientras escuchaban un “GORDA” yéndose lenta y lástimosamente con un efecto doppler inevitable. Dos nenas que la pasan mal, como yo, como todos los gordos que tenemos que soportar a giles como vos. Dos nenas que nada tenían que ver con NOB o RC y tuvieron que escuchar otra vez  la palabra “gorda”. Nos cruzamos unas miradas, casi como acariciándonos el ego y diciendo “no hay que darle bola”. Aunque, ya sabemos, no hay nada peor que te hagan acordar eso que no querés ser.

Ojalá entendieras que toda la mierda que desparramás no te hace un superhéroe: te hace un auténtico CANALLA, y no de esos que se ponen una camiseta auriazul. Un canalla de esos que hacen una mierda vivir cuando sos gordo. De esos que nos trastornan y todo lo que dicen es para hincharle las pelotas al mundo. Un canalla que, por más que hoy haya ganado, vive perdiendo.

 

Algún día no va a pasar más.

Posted On marzo 21, 2014

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Es una noche hermosa. Hoy me fue bien en todo. Me gustaría verte, aunque sea dos segundos. Los sueños me están avasallando cada vez más y no puedo evitar recordar tus gestos dándole un sentido diferente de lo que pensás. Ni siquiera pensarás en que le doy importancia, incluso. Yo tampoco, hasta hace algún tiempo.

Sos muy suave, Gabriel. Así como sos vos mismo, abstraído de mi vida o de las historias que conozco de vos. Tu respiración, te juro que no me puedo sacar de la cabeza tu respirar mientras te miro con ganas de acariciarte el pelo. Pero aprendí a fingir, y lo hago bien. Me queda hermoso hacer desaparecer fuera de mí todo lo que pasa por dentro. Ya conozco gran parte de los caminos y sé dónde tengo que esquivar baches. Sabés muy bien lo que me aterra quedarme hundida en una confesión.

Las ganas van tejiendo un libro que se va deshilachando tras cada puntada, con hojas frágiles que trato con la sutileza que nunca tuve para enamorarme. Tanto San Martín que impuse para todo, se esconde justamente ahora que necesito decirte que estoy enamorada de vos. Estoy enroscada como un bicho bolita en las palabras que me ahorcan con cuerdas de cobardía.

En el pico de sentirme una completa pelotuda, me llega un mensaje tuyo. No me lo esperaba, te lo juro. Te extraño, te extraño mucho. Leerte es un beso en la frente para mí.

“Necesito hablar con vos”… Ilusa, lo que irradia esta noche es especial*. Sigo leyendo. “Te re extraño amiga!!!”

Aprieto los dientes y los ojos me brotan como el mismísimo diablo enojado. No llego a llorar. Te diría que te vayas a la re puta madre que te parió y que sos un estúpido, que no podés no darte cuenta, y que yo también lo soy y me llevo la peor parte. Pero no. No me queda otra que tragarme la amargura que vengo criando desde que te conocí y ser lo que no quiero ni me animo a dejar de serlo. Respiro y contesto sin ganas de mí, mostrando alegremente lo que mejor me sale: mentirte. “Si amigo, yo también” respondo de manera pálida y sin dignidad.

Yo te extraño Gabriel. Yo te extraño.

 

 

*Soda Stereo – Crema de estrellas http://cor.to/AE0f

Nena de un millón

Cara con cicatrices,

volumen cero de tu risa, humo..

Basta ya.

Atrapada en una casa de paredes sin límites,

no hay sol en el laberinto tramposo de un momento.

Llorás, llenaste un río llorando.

Bailás,

movés al mundo con tus piernas blanquitas.

Calma, niña de ruidos.

Que así le harás bien a tus manos

para acariciar tus calles sin antes rasguñarlas.

Todo crece, muere y cambia.

Todo vuelve a crecer:

aquello que nace

son las alas del amor,

hechas con libros de cemento.

 
Tranquila, Rosario, volverás a estar bien.

Decilo.

Posted On agosto 7, 2013

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“Chau, un beso”, dijiste y cortaste. Y yo me quedé con el tubo pegado a mi cabeza, infectándome de lo que nunca podrá ser. De puntitas de pie a ese abismo tenebroso.
Y me puse definitivamente oscura.
Manoteé el cable del teléfono y me lo enredé en el cuello, tironeé tan fuerte hasta ahorcarme. Me desmayo de horror y caigo en un sueño: túneles de mil colores, colores que se mezclan y se vuelven blancos, negros y grises. Sonidos que no rebotan: el túnel no tiene paredes. Suena la vida distorsionada.
Nada tiene sentido.
Llego a una estación de tren, luminosa y asimétrica. Alucino, escucho el ring-ring de un viejo teléfono público alejado en un rincón.
Al otro lado suena tu voz:
– Chau, un beso… – decís y no cortás.
Me quedo en silencio, escuchando tu respiración mientras retumba mi pecho
– Quiero verte… – rogás un poco lastimoso. El sueño cumplido, pero yo ya estoy muerta.

Bienvenido.

Posted On junio 4, 2013

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Me acuerdo cuando estuve enamorada de vos, hasta te pedía perdón cuando te enojabas. Por más que quisiera, que no, o no sé: yo estuve enamorada de vos. Y pensé que el día en que, vaya a saber cuándo, iba a terminar todo, quedarían cosas por decir. Y terminamos una vez, dos, treinta, cuarenta y cuatro, mil lecciones de cajón, muchas maniobras tan torpes y obsoletas. Hasta te di permiso para escuchar los discos que más me gustan. Todo, incluso mi balcón y yo misma. Despacio, fuerte, arenoso, tibio, púrpura. Nada al fin. Vacío, como mi billetera y como tu memoria. Tomalo como un disparador, si querés un reproche. Tomalo como droga: yo te amé.

Jamás me voy a olvidar de vos, de tus otros vos, de lo que nunca voy a conocer porque no existe. El corolario de una destrucción, un espacio libre. El amor enfermo que se terminó, el aire limpio que brilla. Terminó todo como tenía que terminar: sin secretos.

Ahora estás en el mundo puesto en la vereda de enfrente. A lo que fue. A lo que fuiste.

Te fuiste. Bienvenido, a ser un desconocido que conozco.

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