Córdoba
octubre 6, 2011
Archivado en Cuentos, Me puse a pensar, Me sale decir, Rayaduras, Yo viví esto
Dos chicas toman un McFlurry, una pareja va delante mío y me choca una mujer con 4 bolsas que delatan su dinero gastado. Un chico, un bebé, un perro. El amor está en las manos amarradas entre sí de esos dos viejos en la esquina. Yo miro mi cigarro y si cambió la luz del semáforo. Ese auto rojo va a doblar, tiene una luz titilando para advertir su movimiento. El heladero me ve pasar, pero no me reconoce. O quizás sí, qué sé yo. Son esas dudas incoherentes que a veces tengo.
No tengo más capacidad para escuchar el ruido de la calle. Pasan muchos autos, hay muchas luces. Las motos de los policías han cambiado, me ahogan más que el humo del cigarro. Ya me perdí de quiénes pasaban al lado mío, y ya me perdí de muchos días sin hablarte, es hora que nos saquemos los barbijos y nos contagiemos la rabia de no haber podido contra nuestros defectos.
Mirá qué miserables esos árboles que lo único que quieren es agua y luz. Y yo sólo quiero encontrarme…
La vida me sugiere un escondite seco y oscuro para pedirte disculpas.
Déjame decirte, la ciudad esta repleta de ideas con forma de alucinaciones.
Pequeñas tertulias en cafeteras aceleradas atiborradas del crepúsculo.
Los sueños de hombres despiertos colapsan en el entrecejo de damas apuradas, arrancadas del freno y del volante de conducción a rastras.
No siempre sueñan despiertos, no siempre sueñan y no siempre están despiertos.
El silicio sabe, con dientes y garras, aguarda, acaricia la idea detrás de las orejas pintadas de turquesa.
Dios tenga misericordia de los invisibles señores de las hojas, encallados en la brea y el asfalto.
Dios tenga misericordia de las infames, montadas en la silla de la duda, penetradas hasta el esófago y supurando orgasmos sobre los testículos de la tierra.
Salve maría prostituta del espirito laico, embebida en ron eres entre todas las mujeres que soñaron descalzas con amor y esperaron en vano las caricias de terror.
No sueñan siempre los perdedores con las fiestas de los vencedores.
Ni tiemblan siempre los vencidos con las piernas engentas y las mucosas tapiadas conteniendo la respiración.
El tiempo es una ilusión y las pruebas son arcos de flechas sin armazón, pero al final del sin sentido se halla la revelación y la revolución, la marca del ciego convertido en chacal.