¿Hoy es..?
Ay, esto de elegir otra vez. Encima tengo tan poco tiempo que las ideas se me ponen todas tontas, parecen complotadas, y de golpe me doy cuenta que no sé ni qué día es hoy. Puede que sea martes, miércoles, sábado, nena o varón.
Te miro esperando a que me llames, comienzo a impacientarme un poco porque lo hacés con otras personas y no conmigo. Miro a mi alrededor, suspiro, miro el papel que me dio tu amigo o compañero, o nada, y me doy cuenta que hoy es miércoles. No estaba tan errada, pero qué hago acá un miércoles.
Pregunto qué hora es, vos no sabés lo raro que se siente esperarte. Me pongo una mano en la cintura y estiro la pierna izquierda porque la espalda no me da más. Mientras me arranco simpáticamente la piel seca de los labios con los dientes, producto del otoño, se me paraliza la mirada por encima de tus pelos. No le doy ni bola a lo que dice, “Qué lindo sos”, pienso. En eso pasa un compañero de trabajo con su novia; me saludan y me despistan. Siguen de largo y lo miro de atrás como a todos los hombres. Vuelvo a leer el cartel esperando tener la suerte de coordinar un ratito la dirección de nuestros ojos.
Casi a punto de terminar de leer, al fin me llamás. Me agarrás de manera inesperada. Otra vez la que se la da de indiferente, ruda, cero “minita” y todo eso, ahora le tiemblan las patas y la voz ante tu mirada y es más, me paro bien, hablo suave, pronuncio todas las eses y pongo “tonito” como si estuviese (bien) maquillada.
Me sonreís, me saludás con esa sonrisa tan tierna que tenés y me aniquilás con un “Sí, decime”. Oh no! Todo, pero todo lo que leí se ponen a hacer un carnaval en mi cabeza y no escucho nada de lo que me dicen las ideas.
- Hola. Eeh… Bueno. Dame tramontana y vainilla. ¡No! Dulce de leche graniz… perdón. Mejor chocolate semiamargo.
- ¿Y tramontana?
- Sí, sí. Gracias. – Miro para otro lado como si todo estuviese resuelto.
- Perdón linda, no me dijiste: ¿Cucurucho o vasito?
- Ay, jaja! Perdoname. Sí, cucurucho por favor. – “Quedé como una boluda”, pienso.
Me da mi helado, me dice que lo disfrute, nos agradecemos mutuamente y nos saludamos con un “Chau, hasta luego”. Me pongo a pensar por qué me pasé tanto tiempo leyendo todo el letrero y me preocupé en lo que iba a elegir si al fin y al cabo siempre pido lo mismo.
Voy caminando con el cucurucho en la mano, tratando de no desparramar helado derretido, gotas dulces, por el mundo. Me doy cuenta que se me hizo un poco tarde y mi marido me espera para cenar. Guardo la cuchara como si fuera una foto que reflejara un momento de amor, al pedo, pero es como si tuviera un secreto con ella.
Cuando voy a abrir la puerta se me caen las llaves, las junto y al entrar a casa mi marido me pregunta “Te olvidaste qué día es hoy, ¿eh?”
abril 1, 2011