Porno
Vicio inmundo, otra vez me miro al espejo sabiendo que voy a repetir la misma escena de todos los días. Me vuelvo a sentar, ya sé lo que voy a hacer: clicks rufianes, loading misterioso, reproducción entrecortada. Maldito internet. Justo en las mejores partes.
Me pongo los auriculares, me da un poco vergüenza que se escuche afuera. Hasta me da vergüenza escucharlo yo misma. Hombres, muchos hombres, ninguna característica femenina asoma por la pantalla, excepto mi reflejo. En un rato voy a estar encadenada a los destellos y temblores del centro de mi país que pobre, ya está cansado de que todos le quieran hacer las cosas por atrás, engrupirlo, traicionarlo, dejarlo de lado. Así está. Miserable y solitario. Malditos sean sus gobernantes corruptos y mentirosos que se llevan los gritos y las ilusiones. Bah, ¿a dónde se llevan esas cosas? Tendría que revisarles los bolsillos antes que se vayan al extranjero.
No importa. Trato de no pensar en eso, es más, no quiero pensar en nada. Ya cesará el sismo y la lluvia de esta tierra, se siente el olor recargado a tierra mojada, y voy a terminar como siempre, respirando hondo y lavándome las manos.
Vuelvo y cierro todas las ventanas, menos una. Recorro el sitio. Me río y pienso que ya lo vi todo: mañana no voy a encontrar nada nuevo. No me preocupo, sé muy bien que no es más que un impulso a la campaña política sexual espantosa que me divierte y termino votando.
Mis ojos fijos, un país manoseado. Pornografía: realista e insensata, pero sincera al fin.
febrero 18, 2011
Geniales y justas palabras